El ozono, u O3, es una molécula elemental altamente reactiva con la fórmula O3, compuesta por tres átomos de oxígeno. Este gas explosivo de color azul pálido tiene un olor característico y penetrante, a menudo descrito como un olor acre, que resulta sorprendentemente agradable en su forma pura a bajas concentraciones. El ozono existe en dos capas principales de la atmósfera terrestre. En la estratosfera, forma la capa de ozono, un escudo protector que se crea cuando la radiación ultravioleta (UV) solar interactúa con el aire, concretamente con el oxígeno molecular, para producir ozono. Sin embargo, a nivel del suelo, el ozono se convierte en un potente peligro respiratorio y contaminante, comúnmente conocido como ozono troposférico, que afecta a la calidad del aire.
El ozono troposférico surge de complejas reacciones químicas entre los óxidos de nitrógeno (NOx) y los compuestos orgánicos volátiles (COV) bajo la luz solar. Estos precursores, liberados por las centrales eléctricas, las emisiones de los vehículos y los materiales orgánicos, impulsan la formación de ozono. En los días calurosos y soleados en las zonas urbanas, cuando las condiciones de baja temperatura dan paso al calor, los niveles de ozono alcanzan su máximo, a menudo por la tarde y a primera hora de la noche, lo que provoca los efectos nocivos del ozono, tal y como señala la Agencia de Protección Ambiental.
El ozono, incluido el ozono líquido y el aire ozonizado, actúa como un potente agente antimicrobiano en aplicaciones industriales y de consumo relacionadas con la higiene. Se utiliza en la producción de agua embotellada, el tratamiento de la carne y la conservación de alimentos perecederos. A nivel comercial, el ozono se genera exponiendo el oxígeno del aire a descargas eléctricas de alto voltaje o a luz ultravioleta, un proceso que hace que el ozono sea eficaz para estos fines.
Los soldadores y otras personas expuestas a altos niveles de ozono, controlados por sensores de ozono y sistemas de monitorización con un tiempo de respuesta rápido, se enfrentan a importantes riesgos para la salud. El ozono inhalado puede dañar las membranas mucosas y los tejidos respiratorios, provocando problemas a corto plazo como irritación ocular, molestias en la garganta y el pecho, fiebre por humos metálicos y reducción de la función pulmonar. La exposición prolongada amplifica los efectos perjudiciales, incluyendo asma, neumonía, cáncer y efectos en el sistema nervioso central. A menudo se utilizan dos sensores para garantizar una detección precisa en entornos de alto riesgo, lo que mejora la seguridad personal.
La contaminación por ozono, una preocupación creciente según la Agencia de Protección Ambiental, afecta gravemente a los tejidos mucosos y respiratorios, degradando la calidad del aire. Mientras que la capa de ozono protege contra la radiación UV, el ozono troposférico, incluso en concentraciones bajas, desencadena los efectos nocivos del ozono, especialmente en zonas urbanas con elevadas emisiones de NOx y COV. Esta dualidad subraya la necesidad de contar con sistemas de vigilancia robustos para proteger la salud y mitigar los riesgos.
Tipo: Difusión electroquímica
Rango: 0-1 ppm (resolución de 0,01 ppm)
Cómo funciona un sensor de O3: Las moléculasde ozono interactúan con electrodos metálicos a través de una reacción redox, generando una salida de voltaje lineal proporcional a la concentración de ozono.
Alarma baja: 0,1 ppm
Alarma alta: 0,2 ppm
STEL — 15 minutos — Límite de exposición a corto plazo: 0,1 ppm
TWA — Promedio ponderado en el tiempo de 8 horas: 0,05 ppm